Aprovechando el puente del 1 de mayo, Elena, Hugo, Manuel y yo cogimos la mochila y nos dirigimos a la sierra para disfrutar de un fin de semana entre la naturaleza andina. Así, tomamos un bus en Lima el viernes por la noche para estar en Huaraz a las 6:30 de la mañana del sábado, dispuestos para el primer día de aventura.
La ciudad de Huaraz (“amanecer” en quechua; lindo nombre para una ciudad), capital del departamento de Ancash, está ubicada en la sierra central (unos 400 km. al noroeste de Lima), a 3.052 m.s.n.m. en el valle del río Santa. La cordillera Blanca y la cordillera Negra, cadenas de montañas imponentes y espléndidas, forman el callejón del Huaylas (valle del río Santa) ofreciendo paisajes de una belleza natural increíble y única, que consiguieron aumentar la fascinación que los Andes ya ejercían sobre mí.
Para conocer un poco acerca de la historia de esta zona hay que referirse al desastre que se vivió en el año 70: en mayo de 1970 se produjo un tremendo terremoto (7,5 grados en la escala Richter
) que destruyó completamente Huaraz y otros pueblos de los alrededores; los daños fueron enormes tanto en el aspecto humano (70.000 muertos en todo el callejón de Huaylas) como en el material (varias ciudades sepultadas bajo el lodo y otras totalmente devastadas).
A eso de las 9 de la mañana, después de haber descansado y recuperado fuerzas en el hostal, nos preparamos para el primer día de excursión. Iríamos hacia el Norte, para visitar Carhuaz, Yungay (ciudad sepultada por un aluvión de piedras y fango provocado por el citado terremoto), las lagunas de Llanganuco y Caraz. Nuestro error fue irnos en un bus cargado de turistas (curiosamente ningún guiri, con excepción de nosotros, claro) y con un guía insoportable; pero de todo se aprende, y al siguiente día contratamos un taxista que nos llevara hasta Chavín y así poder ir a nuestra bola y disfrutando del viaje.
El caso es que ya estábamos metidos en el bus con un plasta de guía (un doble de Súper Mario Bros cuarentón y panzón, que largaba sin parar… tanto que no te dejaba ni sobar
… ¡vaya plan!). Primera parada Carhuaz… nada que añadir, excepto su curiosa plaza de armas con palmeras a 3.000 y pico metros de altitud. Segunda parada Yungay: actualmente el asentamiento de la antigua ciudad sepultada por el aluvión de fango que bajó del Huascarán (provocado por el terremoto del 70) está convertido en un gran cementerio que impacta, sobrecoge y da idea de la inmensa catástrofe que allí ocurrió. La nueva ciudad de Yungay construida tras el desastre, se sitúa a dos kilómetros al norte, lejos de la amenaza del Huascarán.
Por cierto, el Huascarán es el pico más alto del Perú, con sus 6.768 metros (ahí es nada) y sus nieves perpetuas preside la cordillera Blanca, en la que podemos encontrar otras “pequeñas” montañas como el nevado de Alpamayo (5.947 metros) de la que se dice es la montaña más bella del mundo por su color blanco y su forma de diamante.
Dejamos Yungay y su escalofriante pasado para dirigirnos a las lagunas de Llanganuco, el principal atractivo de esta zona junto con el Huascarán. Están situadas a 26 kilómetros de la nueva ciudad de Yungay, a 3.863 m.s.n.m. La laguna que visitamos se encuentra en la vertiente occidental de la cordillera Blanca; originada por los deshielos de los picos nevados que la rodean, ofrece un panorama de impresionante y gélida belleza.
Aprovechando que Elena es fan incondicional de los paseítos en barca, alquilamos una y allá que nos fuimos al medio de la laguna para admirar el panorama “desde dentro”. Con un poco de frío, con unos chullos 1 de más y un hambre canina tiramos millas hacia Caraz, para comer algo caliente. Después de llenar el buche y chupar unas cuantas horas más de bus amenizadas por el “Súper Mario Bros” llegamos a Huaraz.
Me salto el segundo día en Chavín de Huantar porque le voy a dedicar un post específico. El lunes decidimos quedarnos por Huaraz. Nuestra primera idea fue ir hasta los baños termales de Chancos, pero cambiamos de idea cuando los vimos: daban penita y mal rollito. Así que reestructuramos planes y dividimos la tropa: Manuel y Paula a las termas de Monterrey (yo quería termas sí o sí) y Elena y Hugo al mercado de Huaraz.
Después de un reconfortante bañito en las termas (sus aguas contienen diversos minerales con propiedades curativas y apropiadas para el reparador descanso que yo necesitaba) nos reunimos de nuevo para darnos un homenaje gastronómico típicamente peruano (pachamanca 2, lomo saltado 3, tamalitos 4… ahora que lo pienso tengo que dedicarle un post a la amplia, variada y riquísima gastronomía del Perú; queda dicho). Y por la tarde, un cafelito por aquí, una visita al mercado de artesanía por allá, un encuentro con los borrachos del pueblo en un bar-garaje
… en fin cositas para pasar el rato hasta las 10 de la noche, hora en que salía el bus.
Martes 2 de mayo – 5 de la mañana – Lima: a casa a dormir un rato y a las 9 en la Ofecome más feliz que una perdiz… el que algo quiere algo le cuesta
1 Chullo: eso que llevo en la cabeza en la foto del perfil.
2 Pachamanca: “olla de tierra”; Se entierran en el suelo y se cocinan con piedras calcinadas diversas carnes (res, cerdo, pollo y cordero) y verduras (papas, camote, habas, choclo), junto con humitas de maíz y queso derretido. El sabor que le da a estos productos la tierra caliente y los condimentos, crea un plato realmente especial. Rico rico.
3 Lomo saltado: especie de guiso a base de lomo de res, cebolla, ají, tomate… con arroz y papitas fritas. Uno de mis platos favoritos… de hecho hoy he comido lomo saltado
4 Tamal: alimento elaborado a base de maíz y envuelto en hojas del propio maíz o en hojas de plátano. Me recurda al “bolo do pote” da terra.