IN THE MIDDLE OF THE ANDES: CHAVÍN DE HUANTAR

A Chavín de Huantar le dedico un post enterito porque me encantó el lugar, rodeado de preciosas montañas y con un poder de atracción, espiritual digamos, increíble; allí recargué pilas para afrontar estos meses de curro intenso sin puentes ni festivos ni ná de ná.

Chavín se encuentra ubicado (a unos 110 km. de Huarás) en el inicio de un estrecho callejón formado por el río Pukcha o Mosna, formado por los deshielos de la Cordillera Blanca y que conduce sus aguas hacia el río Marañón, donde nace el Amazonas. Está pues en el corazón mismo de los Andes, a 3.180 m.s.n.m. Dos cadenas montañosas separan a Chavín del mar -las cordilleras Blanca y Negra- y otras dos otras cadenas lo separan de la selva amazónica -la central y la oriental-. Esta situación geográfica crea serias dificultades de comunicación entre las poblaciones allí asentadas (ya te digo, 4 horitas en carro desde Huarás). Chavín, está en un punto crucial de conexión este-oeste y norte-sur de un extenso territorio: es una suerte de "nudo de caminos" de una región que cubre la costa y la sierra de Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ancash, Huánuco y Lima…

Chavín se desarrolla en el período final del largo proceso de domesticación de plantas y animales que en otras partes del mundo se identifica con el Neolítico. En esta época, tanto la ganadería como la agricultura, junto con la construcción y la manufactura -incluyendo la metalurgia- estaban ya incorporadas en los dominios de la práctica social. Se trata de una etapa caracterizada por la intensificación de las funciones de los centros ceremoniales, que se convirtieron en los ejes del desarrollo económico de la zona.

Durante los siglos X al IV a.c. se desarrolla la época de mayor florecimiento de la civilización Chavín, con muestras de gran influencia sobre otros pueblos coetáneos derivadas de una relación de intercambio de bienes y servicios, donde la oferta de Chavín parece haber sido más espiritual que material: concretamente "oráculos". Esto coincide con las evidencias encontradas en Chavín de Huántar de ofrendas procedentes de un ámbito que incluye las actuales regiones de Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ancash, Lima y Huanuco (es decir, un área bastante amplia del Perú actual). En pocas palabras, Chavín de Huantar fue la Roma, la Jerusalén o la Santiago de Compostela de la época pre-histórica en la región andina. Su fama como centro ceremonial más prestigioso y conocido de la época, le sobrevivió más de dos mil años después de su abandono en el s. IV a.c. Así, cuando, en el siglo XVII el agustino Fray Antonio Vásquez de Espinoza visitó el lugar, fue informado que a ese lugar iban las gentes de todas partes a rendirle culto y recibir los oráculos que allí se ofrecían. Las evidencias arqueológicas indican exactamente lo mismo que el mito popular.

Chavín representa el inicio de una actividad muy propia de los Andes que aun dura hasta nuestros días, consistente en disponer de uno o dos centros ceremoniales de mucho prestigio a los que las gentes de un extenso territorio acuden cíclicamente para rendir culto a sus divinidades y pedirles ayuda y protección. Al mismo tiempo también se intercambiaban informaciones y bienes entre comunidades alejadas, se restablecían contactos sociales y se resolvían posibles conflictos. Cuando llegaron los españoles esto ocurría en Pachacamac (Lima), en Raqchi (Cusco) y en Copacabana (lago Titicaca). Chavín, para entonces, era ya parte del mito y la leyenda.

Chavín es un asentamiento complejo, del que conocemos solo la parte que se ha preservado debido a su monumentalidad. Hay evidencias que el centro ceremonial tenía como núcleo este sector monumental, pero que otras partes, hoy cubiertas o destruidas, se prolongaban por más de un kilómetro hacia el norte, donde está asentado el pueblo actual.

El espacio ceremonial conocido, está formado por una serie de edificios de piedra maciza, considerados templos por los arqueólogos debido a la función religiosa que se les atribuye. Son una serie de plataformas con un fuerte talud en sus muros, lo que les da un perfil piramidal. Estos templos constituían el centro de la función ceremonial, con una serie de servicios anexos tales como plataformas, plazas y terrazas a distinto nivel e interconectadas mediante senderos y escalinatas. Casi todos estos edificios y anexos estaban costosa y cuidadosamente construidos, con piedras de diversos colores, llevadas desde distintos lugares de la tierra andina. Para fines litúrgicos y ornamentales, los edificios contaban, además, con una complicada parafernalia, formada por columnas, cornisas, dinteles, lápidas, obeliscos y esculturas que se agregaban a los muros o plazas, convirtiendo el espacio ceremonial en un hermoso escenario, adornado con las imágenes de los dioses y demonios que poblaban el panteón chavinense.

Parece una buena hipótesis la que afirma que los habitantes permanentes de Chavín fueron unos pocos sacerdotes y sus auxiliares de servicio, mientras que la mayor parte de sus usuarios eran peregrinos que llegaban al lugar en busca de "oráculos", portando ofrendas de diverso tipo.

 Este lugar ha conseguido transmitirme unas sensaciones que nunca había experimentado (ni siquiera en Machu Picchu), algo que no se puede explicar, una especie de conexión entre la naturaleza y mi espíritu; realmente una sensación extraña, inexplicable pero muy reconfortante que me llenó de energía y buen rollo.

Chavín es, sin duda, uno de los lugares que permanecerá en un espacio privilegiado de mi memoria, junto a esos recuerdos que te hacen sentir bien cuando necesitas una dosis de optimismo.

Escribe un comentario